Por: Francisco Solar y Joaquín García
Fue aproximadamente en el mes de febrero de este año en el que nuestro hermano y compañero Juan Aliste Vega empezó a sentir los primeros episodios de dolor -hasta ahí leves- en su cadera izquierda. Como su personalidad lo caracteriza, sostuvo una cotidianeidad con esta pequeña molestia, mas nunca normalizó su existencia, sabía que era un dolor anómalo.
Al pasar el tiempo, e ir agudizándose el dolor, de una situación anómala la realidad se transformó en una situación preocupante por lo que, naturalmente, intencionó la atención en el hospital penal de La Gonzalina, Rancagua. Sin obtener mayores resultados en este acercamiento se le suministró y recetó el consumo de medicamentos tales como paracetamol y tramadol. Juan no quedó conforme, los dolores no se detenían, no había claridad sobre el problema de raíz y su cotidianeidad se vió notablemente afectada debido a que estos dolores generaban lógicamente un problema grave de movilidad. Somos testigos de su preocupación y de su insistencia en este periodo, Juan nunca ha sido un compañero quejumbroso, y un -lamentablemente- extenso periodo en prisión lo ha llevado a conocer su cuerpo, punto importante para mantenerse firme en una situación hostil y carente de cuidados.
Llegó el día en que Juan no se pudo mover y tuvo que ser llevado de urgencia al Hospital de la unidad. Tras una serie de negligencias, tomas de radiografias y médicos con mala disposición, se le derivó de nuevo al módulo con calmantes y suero. Algo no andaba bien, todos lo sabiamos. Fue necesaria una segunda ida de urgencia esa misma tarde al hospital para que una nueva lectura de las radiografias arrojara una posible artrosis séptica en la cadera, urgencia por la que fue derivado al Hospital de Rancagua, donde se le administraron fuertes antibióticos. Esa misma noche volvió al módulo.
Desde ese momento en adelante Juan solo se podría mover con muletas, su cotidianeidad estaba fuertemente afectada, los antibióticos solo solucionaron una parte del problema, los dolores persistían, algo seguía ahí. A pesar de lo adversa que se tornó la situación en su día a día contamos con la suerte de poder apoyarlo, y de esta manera tratar de disminuir aunque sea un poco la carga sobre sus hombros. Fueron y son cuidados y preocupaciones que creemos deben entregarse siempre entre compañeros, más allá de cualquier código de comportamiento impuesto por el ambiente carcelario, el cariño revolucionario debe primar siempre por sobre la apatía individualista.
El punto cúlmine de esta crítica situación y que derivó, al principio, en su internación en el hospital de la unidad se debió a un dolor más fuerte de lo «normal» y que nuevamente lo dejó sin poder moverse. Solo en ese instante la administración del hospital decide su internación para que fuese evaluado nuevamente.
Desde ese día no lo hemos vuelto a ver.
A pesar de los dolores y lo complicado de su situación, el compañero siempre, en todo momento, se ha mantenido fuerte y con ánimos de hacerle frente a todo lo que se le vino encima. Actitud que lo ha caracterizado desde siempre, desde que siendo adolescente decidió enfrentar a la dictadura siendo parte del Movimiento Juvenil Lautaro y luego, como subversivo autónomo, combatiendo sin pausa al capitalismo depredador y a quienes lo sustentan. Fortaleza que también ha demostrado en los casi 30 años que lleva en prisión por dos causas y contextos diferentes. Años en los que no ha dudado de hacerse partícipe de varias reivindicaciones anticarcelarias, movilizaciones y huelgas, escribiendo textos solidarios, agitando en pos de la libertad de otro compañero, aportando a los grupos en lucha que se forman en la calle, luchando por la dignidad de quienes nos visitan o combatiendo en cada rincón de este espacio de confrontación, convirtiendolo en referencia de la lucha anticarcelaria.
Desde hace más de un par de meses, Juan se encuentra hospitalizado en el Hospital Penal de la ex – penitenciaría de Santiago, donde tiene acceso a mejores cuidados, tratamientos paliativos y, sobre todo, a una mayor cercanía y contacto con compañerxs y familiares.
La situación del compañero es gravísima: múltiples diagnósticos han arrojado la existencia de un tumor cancerígeno a la altura de su cadera izquierda y ramificaciones en varios sectores del cuerpo.
Conciente de su gravedad, el compañero, como no podía ser de otra manera, está decidido a dar la pelea. Sus mensajes son de resistencia y fortaleza, de lucha y dignidad. Y apostamos a que la respuesta solidaria en la calle vaya en el mismo sentido. Porque es imprescindible la sintonía entre la calle y la cárcel. Porque es necesario estar a la altura de la trayectoria de Juan Aliste y actuar en consecuencia.
Francisco Solar Domínguez
Joaquín García Chancks
Cárcel La Gonzalina – Rancagua
Julio 2026.

