Por: La Zarzamora
Durante la mañana del 25 de febrero se gestaba un hecho que sin duda quedó en la historia reciente del antiautoritarismo de la región, desde la ex penitenciaría de Santiago salía hacia la calle con calma y vestido de carcelero el compañero Tomás Gonzalez, dejando atrás su encierro, provocando un torbellino en los medios hegemónicos y en la misma institución carcelaria.
Alrededor de las 17:00 hrs. en el conteo rutinario, luego de la salida al patio, gendarmería detectó la ausencia de dos presos, de inmediato comenzó el alboroto de los medios hegemónicos, de los personeros del gobierno y de la misma Gendarmería de $hile. En un inicio, se difunde solo la ausencia de estos «reos», no obstante aún continuaba la busqueda dentro del mismo recinto carcelario.
Horas más tarde ya con la certeza de que estos se habían fugado, el poder y sus herramientas de manipulación comunicacional, empiezan a difundir las identidades de quienes habían logrado tal vulneración al sistema de control carcelario, uno de ellos era el compañero Tomás González, condenado a 16 años por atacar a la policía, además de porte de arma y bombas molotov.
El audaz escape, dejó en jacke a Gendarmería, institución que se mantiene en crisis desde hace décadas, y que actualmente vive un alto cuestionamiento público debido a los numerosos casos de corrupción, narcotráfico y abusos (tanto a presxs como a sus propios funcionarios). Al día siguiente, el director nacional de la institución, Rubén Pérez, anunció la salida del director regional, Héctor Labrín, quien sería reubicado en «otras tareas», así mismo, fueron destituídos el alcaide, el jefe operativo y el jefe de régimen interno del penal.
Las reacciones institucionales dejaron en evidencia la importancia de este acto refractario, que logró doblegar los infinitos esfuerzos del poder para agudizar el control social por medio del encierro y los nuevos métodos de aislamiento, los que no son suficientes para interferir en el deseo irrenunciable del animal humanx (y no humano) de buscar su libertad.
La fuga entonces se nos presenta hoy como algo posible y una alternativa ante las altas condenas impuestas por el enemigo, que pretende mantener de por vida en el secuestro carcelario a quienes actúan contra el estado-capital. Cabe recordar que en la actualidad existen más de 100 prisionerxs mapuche y una quincena de presxs anarquistas, subversivxs y antiespecistas, la mayoría condenadxs a mas de 10 años de cárcel efectiva.
Mientras tanto se implementan los mas «altos standares» de tortura y aislamiento en las cárceles chilenas, un compañero logró con ingenio vulnerar el control para abrirse camino.
Esta fuga quedará en la memoria anticarcelaria, asi como las del 1990, en la cual 49 prisioneros politicos salieron a través de un túnel de más de 60 metros de largo y 80 centímetros de diámetro, cavado con cucharas, cuchillos, tenedores y alambres o la de 1996 llamada Vuelo de Justicia en la que 4 prisioneros pertenecientes al fpmr se fugan en un helicóptero de la cárcel de alta seguridad en Santiago, pero la simpleza y efectividad de la huída del 25 de febrero, deja el sabor particular de la acción individual anárquica.
Solidaridad con lxs que huyen!
Larga huida a lxs fugadxs!

