Ensayo enviado a La Zarzamora
I. Octubre: la Memoria de la Tierra
El calendario marca 31 de octubre de 2026. El ocaso de un mes jalonado por sangre, balas y gas lacrimógeno en esta oblonga franja de territorio que llaman $hile.
Hace 7 años, este mes nos hizo recordar porqué asociamos poéticamente el repunte de la primavera, con los intentos continuos y discontinuos por hacer de la Revuelta y la Insurrección algo más que fuego y humo de barricadas, sino un crisol en donde a través de sus cenizas, poder forjar y construir un terreno fértil de ideas, prácticas y relaciones nuevas.
Aquel 18 de octubre de 2019, podría decirse que significó una ruptura, una disrupción, un momento histórico de saturación con el Orden. Una coyuntura en donde se aglomeraron y articularon todas las luchas: estudiantes, feministas, jubiladxs, organizaciones sindicales, defensores del territorio clamando por Justicia Ambiental…Si bien aquella Revuelta fue instigada en primera instancia por el alza en los precios de la locomoción colectiva, con el devenir de los días de protesta y autoorganización se alzó con fuerza y visibilidad una problemática transversal a la clase, y a cualquier otra categoría que se quiera expresar: la usurpación de nuestros bienes comunes y la devastación territorial.
En dicho escenario de conflictividad social, la consigna “no son 30 pesos, son 30 años” emergió con rabia y fuego, entrelazando la compleja interrelación de todas las formas de opresión y malestar social, evidenciando asimismo las grietas de un modelo incompatible con nuestras necesidades vitales básicas, y frontalmente contrario a la continuidad y cuidado de la Tierra.
II. La Democracia es Extractivismo en favor de los ricos: la Herida abierta a tajo abierto
El modelo socioeconómico $hileno y toda la institucionalidad del Estado, durante las últimas décadas han actuado y operado en bloque para profundizar la precariedad socioambiental tanto de las poblaciones humanas como de otras especies endémicas. Así, tenemos la existencia de poblados enteros con acceso restringido al agua potable, como es el caso de la comuna de Contulmo en el Sur, producto de la imposición de zonas extensas destinadas al monocultivo de especies exógenas como el pino y eucalipto para la producción de celulosa; o, por ejemplo, sectores completos decretados en “zona de sequía” porque algún capitalista decidió con la venia de las autoridades entubar el agua para el regadío de parcelas privadas, como es el caso de la comuna de Petorca en la zona central. Toda esta realidad de despojo y precariedad, se impone con el lastre del Decreto Ley 701 (DL 701), promulgado el 15 de octubre de 1974, o en palabras sencillas, la ley infame de fomento forestal de la Dictadura de Pinochet, modelo de “desarrollo económico” (devastación territorial) que nos gobierna y somete hasta nuestros días.
No es una imagen exagerada definir todo el territorio nacional como una auténtica “Zona de Sacrificio”, aunque en las telepantallas y en las cifras oficiales quieran decirnos que somos una potencia a nivel sudamericano, en términos concretos este territorio que denominan $hile no es más que una pieza neocolonial tercermundista gobernada por los distintos capitales nacionales y transnacionales, entrelazados en cautos contubernios con la institucionalidad democrática-neoliberal burguesa local.
Y esta afirmación no es antojadiza, sino que lo demuestran, por un lado, la propia derrota de la Revuelta de 2019 (que cobró mutiladxs, presxs políticos y muertxs), con todo el posterior proceso de restauración de Normalidad democrática que salvaguardó el Orden político; y, por otro lado, no solamente la mantención del Orden socioeconómico, caracterizado y definido por su extractivismo y saqueo, sino que, por sobre todo, el remozamiento y persistencia de todos los nichos de explotación productiva, como son la megaminería y el modelo de monocultivo forestal, símbolos máximos de una economía destinada a la perpetuación grosera de la estratificación de clases, y NO a la satisfacción de nuestras necesidades y protección de los bienes comunes.
Esta vez ese remozamiento viene dado por la nueva retórica “verde y sustentable”, el GreenWashing de la nueva transición energética, pero que sabemos, no es más que la excusa capciosa y fraudulenta para perpetuar en las conciencias la reproducción social del Orden del Capital.
III. Proyecto Minero Dominga: la persistencia y revancha de los Grandes Capitales sobre la Biosfera
Una de estas heridas persistentes a través de los años, y que aun busca caminos para concretarse, es el bullado proyecto minero Dominga. Este proyecto de megaminería es una iniciativa minero-portuaria del conglomerado empresarial privado Andes Iron, el cual busca la extracción de ingentes concentrados de hierro y cobre; además, el megaproyecto contempla la construcción de un puerto en la comuna de La Higuera, en la Región de Coquimbo.
Esta empresa de capitales nacionales está conformada por la familia Délano Méndez, cuyos miembros son el empresario Carlos Alberto Délano Abbott y su esposa Verónica Méndez Ureta, padres de nueve hijos (Verónica, Macarena, Carlos Alberto, Pablo, José Luis, Tomás, Andrés, Benjamín y Agustín). Esta familia es conocida por ser cofundadora del conglomerado Empresas Penta, vinculados estrechamente a la familia Lavín y por controlar el Family Office Inversiones Duero (actualmente integrado en Inversiones Delmen). 75% del control pertenece a la familia Délano Méndez (liderada por Carlos Alberto Délano), el 14% a la familia Garcés Silva y el 11% restante a socios pequeños-ejecutivos de la compañía.
En términos concretos, ¿en qué consiste Dominga? Aquí enumeramos los datos duros:
- Inversión: estimada en US$ 2.500 millones.
- Producción: previsto para extraer anualmente unos 12 millones de toneladas de hierro y 150.000 toneladas de cobre.
- Infraestructura: incluye dos minas a tajo abierto (Rajo Norte y Rajo Sur), una planta de procesamiento de minerales,
depósitos de relaves y un terminal portuario en el sector de Totoralillo Norte. - Vida útil: aproximadamente 22 a 26 años de operaciones.
En el discurso oficial de los inversionistas implicados, encontramos el manoseado y trillado monólogo del crecimiento económico, la generación de empleos y la conocida “Ley del Chorreo” a mayor escala de ganancias y plusvalor, mayor será la cuota de beneficios para el resto de la población, en la “teoría”-. Sin embargo, ¿Cuál sería el real impacto de un megaproyecto de tal magnitud?
La principal alarma es que la ubicación de toda esta infraestructura se emplazaría en la comuna de La Higuera, en la Región de Coquimbo, la cual se ubica geográficamente frente al ecosistema marino del Archipiélago de Humboldt. Por tanto, el proyecto empresarial Dominga se construiría sobre la amenaza de alterar una biodiversidad de alto valor ecológico y socioambiental en peligro.
¿Cuáles serían los principales impactos?
- Amenaza a la biodiversidad marina: el puerto y las rutas de navegación proyectadas ponen en riesgo a más de 560 especies marinas. La zona alberga el 80% de la población mundial del pingüino de Humboldt (especie vulnerable), además de colonias de delfines nariz de botella, chungungos y ballenas que nadan cerca del área para alimentarse.
- Ruido subacuático y tráfico marítimo: el tránsito constante de barcos mineros aumenta de forma crítica el riesgo de colisiones con cetáceos y genera contaminación acústica submarina que interrumpe la comunicación de las ballenas.
- Impacto terrestre y flora endémica: la mina a cielo abierto y los depósitos de relaves amenazan especies de flora y animalidad nativa protegidas en peligro, como el arbusto lucumillo y grupos de guanacos que habitan el lugar.
- Riesgo por derrames: Cualquier accidente o derrame de sustancias en el terminal marítimo de Totoralillo Norte causaría un daño irreversible en un área de alto valor ecológico.
Como ya sabemos de antemano, y conociendo el historial de las clases hegemónicas y dominantes que han moldeado y saqueado nuestros cuerpos y territorios, en sus conciencias no se visualizan ni pesan estos impactos. Para ellxs no existe un impacto al mediano o largo plazo, solo el cortoplacismo de obtener el máximo beneficio económico y monetario posible, a fin de seguir acumulando Capital en sus cuentas bancarias… En agosto de este año, Andes Iron ha dado declaraciones de iniciar el primer hito de construcción de Dominga: caminos, despeje de rajos y obras preliminares, desestimando, desoyendo y desechando todas las voces del territorio que se oponen a tal tragedia ecocida y especida. ¿Les resuena en este punto ese discursillo fútil que gritan las clases dominantes del “tengo lo que tengo gracias a mi propio esfuerzo? Ese supuesto esfuerzo en la práctica siempre ha significado la sangre, miseria y muerte de otros cuerpos indecibles por la Historia Oficial, y aquí no estamos refiriéndonos específicamente a los cuerpos humanos de las clases explotadas por el yugo salarial, sino a todos esos cuerpos que ni siquiera cuentan en la historia de las masacres y los genocidios, pues para todxs lxs individuxs animales que cohabitan con nosotrxs el territorio, el destino del despojo, la extinción y las jaulas es una miseria que se les ofrece e impone con total impunidad, ya que ni siquiera son categorizados como víctimas o presxs políticxs del Orden, ni mucho menos son visibilizadxs como compañerxs de lucha en el clamor popular que exige Justicia y Soberanía.
Ni siquiera sabemos los datos precisos de cuántos individxs animales son desplazadxs de sus territorios, asesinadxs o enjauladxs de por vida cada vez que las máquinas destruyen un humedal para construir condominios; o cuando talan un cerro para construir torres de alta tensión; o simplemente cuando algún inversionista pretende instalar un proyecto de corte extractivo en algún lugar donde habita la animalidad endémica y libre. No lo sabemos, porque lxs demás animales siguen siendo visualizadxs como simples recursos o piezas inertes de un ecosistema, no como seres con identidad, personalidad e intereses inherentes a su propia especie. Y esta contradicción incluso pesa entre los propios movimientos sociales que pretenden defender el territorio.
IV. ¿La crisis socioambiental es una Paradoja sin salida?
En el transcurso de la última década, el debate sobre cómo frenar la crisis climática y construir un modelo de sociedad sostenible y autosustentable se ha visto agotado por opciones estériles y estrechas. Y aunque podemos reconocer que la devastación de la Biosfera y la Biodiversidad está atrincherada en todos lados -incluso está sucediendo ahora mismo, mientras utilizamos un laptop que contiene coltán y cobalto en su composición-, sí podemos intentar atisbar algunas criticas y posibles caminos de emancipación individual y colectiva.
En primer lugar, la critica al consumismo es insuficiente. Debemos reconocer la ubicuidad y omnipresencia del modelo capitalista extractivista. Nos es material y prácticamente imposible rechazar el consumo total de los productos y servicios que sostienen la perpetuación y reproducción del Modelo. Aunque gritemos contra el proyecto Dominga en las calles, casi todo lo que consumimos en la actualidad proviene directa o indirectamente de la industria de la megaminería. En tal sentido, nos cabe volver a realizarnos algunas interrogantes que ya han planteado con aguda audacia otrxs compañerxs, a saber, ¿Podemos gestionar el espolio y la devastación de la Tierra? ¿Cómo abolir un sistema que nos ha despojado de todos los bienes materiales? ¿Se pueden aplicar la autogestión y la autoorganización dentro de un modelo de sociedad que ha sido diseñado desde sus cimientos para reproducir sometimiento y explotación?
Esas inquietudes están abiertas, y aunque pueden existir incipientes experimentos en diferentes territorios, todavía es el tiempo para continuar cuestionando y cuestionándonos, si es que todavía podemos decir que nos queda algún tiempo…
En segundo lugar, debemos tener la claridad suficiente y valiente para reconocer que la devastación no se detendrá.Estamos hablando de los intereses de clase, de un sector de la sociedad totalmente alienado por sus propias ambiciones de obtener mayor Capital. Desde esa perspectiva, el binomio político izquierda-derecha que ha dominado la vida política de la civilización occidental durante el último siglo, es totalmente inútil y obsoleto para resolver y subsanar nuestra relación con la Biosfera y lxs demás seres. ¿Por qué? Porque en nuestras realidades y territorios, la Democracia no es más que la organización administrativa y legal del Orden Extractivista y Depredador.
Así lo demuestran las ambigüedades y vicisitudes de los tribunales ambientales y de la Corte de Apelaciones de Antofagasta, órganos que a la fecha no han resuelto de manera definitiva la disyuntiva aquí en cuestión. Es más, si el conglomerado Andes Iron ha iniciado obras preliminares, es porque en ciernes de este año la Corte de Apelaciones dictó fallos de carácter procedimental que restablecieron los términos preliminares de una posible Resolución de Calificación Ambiental (RCA), que da indicios de una posible luz verde al megaproyecto por parte de la Autoridad competente.
Para expresarlo de manera más clara y precisa, y citando al antropólogo Pierre Clastres cuando reflexionaba acerca de la naturaleza de ese órgano de poder político que llaman Estado moderno, en esa intrincada búsqueda por entender cuál es la cualidad que hace de nuestra civilización occidental una Maquinaria formidable de saqueo y devastación:
“¿Qué contiene la civilización occidental que la hace infinitamente más etnocida que cualquier otra forma de sociedad? Su régimen de producción económico, justamente espacio de lo ilimitado, espacio sin lugares en cuanto que es negación constante de los límites, espacio infinito de una permanente huida hacia adelante. Lo que diferencia a Occidente es el capitalismo en tanto imposibilidad de permanecer de este lado de las fronteras, el que sea pasaje más allá de toda frontera; es el capitalismo como sistema de producción para el que nada es imposible, sino el tenerse a sí mismo como su propio fin, ya sea liberal, privado, como en Europa occidental, o planificado, estatal como en Europa oriental. La sociedad industrial, la más formidable máquina de producir, es por esto mismo la más terrible máquina de destruir. Razas, sociedades, individuos, espacio, naturaleza, mares, bosques, subsuelo: todo es útil, todo debe ser utilizado, todo debe ser productivo, ganado para una productividad llevada a su máxima intensidad” (Pierre Clastres, Sobre el Etnocidio, en Investigaciones sobre Antropología Política, 1980).
Ahí Clastres está hablando específicamente de la violencia etnocida, que se distingue de la fuerza genocida por su capacidad para aplastar y erradicar las diferencias socioculturales de un territorio en concreto, no solo extinguir cuerpos a través de la violencia, sino la capacidad que tiene la Maquinaría social del Estado para imponer un Modelo de Sociedad Único. Si consideramos el tema que hemos venido exponiendo hasta aquí, este modelo único de sociedad no solamente es etnocida -que ha intentado erradicar cualquier cosmovisión y epistemología diferentes a la matriz sociocultural de Occidente-, es también una fuerza social abismalmente ecocida y especida, que no entiende de límites ni razones para ponerle un freno al avance de las máquinas sobre la Biosfera.
En esa síntesis no hay medias tintas, no podemos soslayar el hecho de que tanto Orden Político como Orden Económico representan una estructura social sólidamente imbricada y cohesionada. El Estado y el Capitalismo no son opuestos, son complementos de una misma moneda, un mismo bloque actuando al unísono de unos intereses particulares bien definidos en el marco de la desigualdad de clases. Es por ello que nos encontramos actualmente en este atolladero, ante la inminencia de una debacle socioambiental. No hay salida al interior de los conductos regulares de la institucionalidad democrática para esta problemática, ya que el capitalismo no puede reformarse, no puede adquirir otra forma más sustentable, no puede cohabitar el capitalismo con los ecosistemas de la Biosfera, ni mucho menos con los seres que hacen de ella su hábitat y refugio. ¿Y la Democracia? Ya lo dijimos, no es otra cosa que el orden institucional que legitima y sostiene la reproducción del Capital y, por tanto, la perpetuación de la devastación socioambiental en nuestros territorios locales.
Por último, y en el legítimo y mínimo gesto de autodefensa y rememoración, nos aferramos a esa memoria de la Tierra, al Octubre intenso y cálido, a los vientos y susurros de disrupción siempre latentes, a la ruptura sustantiva con el Orden. Si bien esa Primavera de Octubre de 2019 fue aplacada y reprimida, la crisis que está padeciendo la Biosfera y el sistema-Tierra nos vuelve a poner en tensión y conflicto. Esta vez, esta coyuntura requiere de un análisis critico más agudo, en el sentido de saber leer los contextos, los nuevos ciclos de expolio y extractivismo nos exigen volver a mirar, leer y entender los anteriores episodios y procesos de lucha, de cómo se vivieron en su devenir y de cómo resultaron en el desenlace.
Desde nuestra perspectiva y trinchera, nosotrxs abogamos por un ejercicio simple y a la vez complejo: cuestionar nuestras relaciones interespecie y con nuestro territorio. Lxs demás animales silvestres que también sufren las consecuencias de este orden violento y usurpador, individuxs conscientes de sí, de sus vidas, de sus intereses, tienen mucho que enseñarnos, ellxs tienen lecciones importantes que darnos en su infinita dimensionalidad y personalidad, son fuente viva y dinámica de conocimiento respecto a la existencia de otras formas de habitar y convivir con la Biosfera, y pueden enseñarnos que un concepto tan abstracto como Biodiversidad, puede devenir en Biomímesis, es decir, en la creación y recreación de prácticas y formas de organización, que se inspiren en la consideración moral de las vidas y experiencias de lxs demás seres que cohabitan con nosotrxs en el territorio.
Lejos de romantizar la experiencia de la Otredad animal, nos debemos enfocar en tratar de entender que todas nuestras herramientas humanas han fallado hasta aquí: la democracia, las instituciones gubernamentales, las academias, los supuestos tribunales ambientales… Todo el andamiaje de nuestra estructura social no ha podido cuestionar ni derribar el Orden de la Devastación; quizás probablemente porque estamos siendo demasiado humanxs, para resolver y encontrar una salida a una problemática política que incumbe y compromete el destino de todxs lxs animales de esta hermosa y valiosa Biosfera….
Nosotrxs subimos los senderos de la Precordillera de los Andes, recorremos los sinuosos caminos del Bosque entre Litres, Quillayes y Pewmos, contemplamos a lo lejos el planeo del águila mora, y también respetamos la distancia del zorro kulpeo que nos divisa desde su guarida. Queremos entender su lenguaje, sus gestos, sus vínculos. Muy probablemente ellxs tangan mucho más que decirnos que los supuestos expertos del Neoliberalismo, y claramente tienen mucho más que expresar que cualquier operador político de turno.
PANUL y RESISTENCIA
31 de Octubre de 2026.
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