Palabras de Anna Beniamino para el encuentro de Viterbo contra la guerra y la represión

Enviado a La Zarzamora

Compartimos palabras de la compañera prisionera anarquista Anna Beniamino enviadas al encuentro contra la guerra y la represión realizado en Viterbo el pasado 7 y 8 de febrero, las cuales nos llegan junto a la información de que Anna está siendo criminalizada por su aporte al encuentro, por medios hegemónicos como el diario romano “Il tiempo”, como también por monigotes del gobierno como el subsecretario de Justicia italiano, Andrea Delmastro, que la acusa de estratega del movimiento anarquista.

Aportación de Anna Beniamino desde la sección Alta Seguridad 2 de la cárcel para mujeres de Rebibbia (Roma) para la convención del 8 de febrero en Viterbo

Ante todo os agradezco la demanda de una aportación a la convención sobre Guerra y Represión, lo intentaré, partiendo de la perspectiva, a mi pesar más clara aquí, de la reflexión y los reflejos “locales”, en el ámbito carcelario, de políticas de guerra, austeridad económica y militarización de la sociedad, globales.

Con la consciencia de que no existen recetas teóricas y análisis articulados y resolutivos, sino una banal y sólida certeza, que cualquier lucha efectiva, no virtual, implica reacción, represión.

El problema es “sólo” tenerla en cuenta, estar preparados y no dejarse paralizar por el miedo a ésta, construir solidaridad y consciencia de los propios medios y fines, con continuidad y tenacidad. Sobre todo en estos tiempos en los que el trabajo represivo preventivo se está dislocando en varios niveles, soterrados y patentes.

A partir del 2022 cuando Alfredo fue trasladado al 41 bis, me pasó que me vi escribiendo varias veces sobre circuitos y regímenes diferenciados además de, mucho antes, fuera y dentro de la cárcel, de luchas y represión, en clave ordinaria y “extraordinaria”; a todo esto y a los apuntes, recientes, para la asamblea romana contra el 41 bis me retrotraigo.

Esencialmente pienso que hay que retomar ese discurso… porque no ha acabado jamás, se le cayeron los presupuestos éticos sobre los que se sustentaba, por no dejar incierto un argumento bien dotado, para no dejar a un compañero solo, por no malgastar una ocasión en la que en una única batalla se mostró cómo pueden estar juntos “irrecuperables” y ajenos sin ninguna duda a la restringida área del movimiento anarquista en sus propios contenidos, para no dejar solos a los compañeros y compañeras que se encuentran ahora debiendo afrontar los varios juicios ligados a la movilización, porque la credibilidad se construye también con la continuidad y la constancia, porque se le ha arrancado la máscara a uno de los pilares de la retórica bipartidista sobre “mafia y terrorismo”, porque la “lucha al terrorismo” es ya un engañabobos de dimensión global y el actual contexto de capitalismo militarizado y neocolonialismo descarados en la apropiación de fuentes y apertura de rutas comerciales, se prestan bien a acoger un mensaje antiautoritario, antimilitarista y de solidaridad entre los oprimidos.

Y el 41 bis es una gestión militarizada de la prisión, que están intentando mantener, no es residual (contenedor de compostaje para la mano de obra mafiosa en uso en los años 80) sino en fase de reestructuración, fundamental y fundacional, expresión nítida del control tecnológico del animal humano, de la reducción del cuerpo a una máquina y del individuo recluso a simulacro corpóreo al que mantener con vida (¡y no siempre!) con parámetros vitales aceptables, mejor si es en estado vegetativo.

Los datos sobre los diversos recintos dantescos en las cárceles del Bel Paese son cosa conocida ya incluso en masa (y asimismo gracias a la pasada movilización), sólo un pequeño añadido…

El 41 bis no parece estar en fase de cese, sino más bien de reestructuración y centralización, con un predecible aumento de capacidad —con 7 cárceles con ese régimen, de las cuales 3 en Cerdeña y 4 en el continente—. De lo que se deduce de los medios locales en los últimos meses, tanto en Alessandria como en Cerdeña ayuntamientos y gobiernos regionales se han visto afectados por el síndrome NIMBY-administrativo, no quieren una tipología de cárcel, así de denostada, en sus terrenos o más prosaicamente la concepción es la de barrer la porquería bajo la alfombra (del vecino). Se puede hipotizar que por parte de la administración penitenciara centralizar en una misma cárcel todo el 41 bis (como en su momento en L’Aquila) significaría reducir costes y además una militarización del régimen.

Paralelamente desde la pospandemia están endureciendo los circuitos de Alta Seguridad, instaurados en régimen cerrado, con graduales reducciones de movilidad, siempre en la óptica, con el espantajo de la “seguridad” aventada por doquier, de simplificar el control y economizar su gestión. Haciendo cuatro cuentas rápidas, que el sistema penitenciario se halla en crónica y creciente crisis económica y de gestión (como por otra parte todo el chamizo estatal ahí fuera) es algo evidente, por lo que los primeros en pagarlo son los lumpenproletariat hacinados en las secciones comunes, donde la autodestrucción y la intoxicación por drogas y psicofármacos son útiles para el control (cuando no herramientas administrativas de control), de situaciones al límite de la supervivencia. Dulcis in fundo las cárceles para menores sobrepasan su capacidad como nunca, en una demostración plástica de lo que es el trabajo preventivo de la represión.

Mientras tanto el Estado italiano se prepara a alcanzar la supremacía europea en el encarcelamiento de prisioneros políticos desde más larga fecha, desde la época de luchas de los años 70/80 del pasado siglo, aún en AS, y en el del uso de la tipificación patria del 41 bis, de la emergencia elevada a sistema, que se mueve constantemente en el margen del “derecho”, adaptable según el público diana.

Puesto que el dato técnico-jurisprudencial se presta a una lectura de derecho negado y precisamente por ello pienso que es uno de los puntos críticos controvertidos y mal interpretables si mal se gestiona/explica, en clave de victimismo y de reinstauración del derecho, no creo que pierda incisividad si se subrayan en la realidad hechos que son contradicciones formales, forzamientos jurídicos y procesales para destacar también la arrogancia del poder, para combatir la normalización de la represión, los modelos dobles o múltiples de acuerdo a cuál sea el enemigo (eh, sí, el “derecho penal del enemigo” del que se discute) y la ampliación de la “oferta” represiva y del abanico de candidatos a padecerla.

Antes se decía, por poner un ejemplo a ras de tierra, “ah, pero el delito de asociación, el 270 bis es imposible para los anarquistas, es un residuo de la estrategia represiva de los años 80” —y después nos hemos topado con ráfagas de condenas y procesamientos por 270 bis y sus congéneres, ter, quater, quinquies, etc, etc que son modelados y utilizados en base a los equilibrios políticos nacionales e internacionales—. Desde el objetivo interno comunista al anarquista, al islamista, para disponerse ahora contra la resistencia palestina.

No es un laboratorio, como se solía decir en un tiempo, es la realidad actual, no son experimentos a estudiar es la praxis a combatir, el uso “multiárea” de los delitos de terrorismo, maleables contra todo opositor político.

A pesar de que el panorama global de guerra & “Board of peace”, de genocidio & “Gaza beach” vuelvan ya patente incluso para el ciudadano occidental más lobotomizado por los medios y las mercancías la naturaleza real de los regímenes democráticos y el uso militar del progreso tecno-científico, a pesar de que las sirenas de guerra estén cada vez cerca del patio de casa, tengo la impresión (desde acá, desde la pecera de un talego, por lo tanto con todos los límites de visión que ello comporta) que últimamente la represión está invirtiendo mucho a nivel preventivo, grosera y arrogante como la actual gentuza en el poder, con actitud marcial en apariencia y la genuflexión efectiva a las líneas maestras del capital global. Pero aun así capaz de tirar impunemente de nuevos supuestos de delito, nudos corredizos y lazos que seccionan preventivamente simplificando la labor.

En los momentos de “cansancio” de las luchas el abanico de candidatos a padecer la represión se amplía, casi un test de resistencia del punto de tolerancia, abarcando incluso las franjas del movimiento y de oposición social en un sentido amplio que normalmente, en los regímenes democráticos occidentales se perciben más tuteladas (o mejor dicho se autoconvencen de serlo, habiendo trocado retales de libertad y pensamiento crítico por un chiringo cualquiera de supervivencia).

Se está modelando una legislación de emergencia sin que haya emergencia, de momento.

Podría parecer contradictorio, la lógica requeriría a mayor acción, mayor represión, pero en cambio aquí estamos en un punto de esterilización preventiva. Estirpar los brotes antes de que se conviertan en un berenjenal, cuando es más fácil hacerlo, deleitándose en manipular lo que empieza a volverse patente, no como movimiento revolucionario sino de opinión, indignación y denuncia.

Cuando es más simple de contener al son de porras y lacrimógenos, multas y compraventa de las componentes más recuperables, vara y zanahoria, pistoletazos y redes sociales, según necesidad, a cada cual lo suyo, permitiéndose alguna licencia de más.

Cuantos del control hacen carrera y oficio saben bien que desde hace ya numerosos años en las calles occidentales lo que prevalece son los aspectos simbólico, ritual, informativo, contrainformativo de las protestas. Desde los black bloc de Seattle que preponderaban los escaparates como objetivo a los Fridays for Future que preponderaban los carteles agitados a favor de telecámara, de la retórica del “no creas en los medios, conviértete en uno” al uso compulsivo de las redes sociales en una relación de amor-odio no resuelta.

Los actuales tumultos de Minneapolis contra el ICE lo muestran, con resultados trágicos: “subersivos”, “insurreccionalistas” manifestantes high tech, portadores de teléfonos para filmar las tropelías de estas “fuerzas especiales” que efectúan redadas contra adultos y niños… la policía (tras haber rastreado tecnológicamente migrantes y manifestantes) se muestra más old style que sus opositores, dispara ahora como disparaba a la cabeza, a un manifestante arrodillado, cien años atrás.

¿Es un cortocircuito de la represión de la disidencia democrática suministrada en estado puro, la campana de alarma de un cambio de escenario o la señal de que ya se ha dado el paso?

En el Bel Paese, a través del embudo de la pandemia se pasó de las lentejuelas y doblones berlusconianos a las insignias melonianas. A pesar de que los jerarcas nacionales parezcan poco dotados para desenvolverse marcialmente, en la práctica están promoviendo a toda costa políticas de guerra, trafican con armas y aspirarían a negocios de reconstrucción posbélica (dependiendo del hueso que les dejasen roer bajo mesa) desempolvando el arsenal retórico de antaño, Dios-Patria-Familia, defensa de las fronteras, etc, etc., haciendo que se mire con devoción sin embargo en la pantalla de un smartphone, la omnipresente forma de “educación” política actual, en el colapso del sistema partidista-electoral (si se hacen otras cuatro cuentas rápidas del que es el porcentaje de los votantes nacionales y en los diversos países europeos). “Educación” no retórica sino necesaria en la búsqueda de nueva carne de cañón para los nuevos conflictos internos e internacionales: de momento estamos justo en medio de la ficción y anuncios publicitarios dirigidos a vender la carrera militar como apetecible, con sugestiones estéticas ambiguas entre cuerpos de élite y soldaditos/soldaditas que ayudan a niños y ancianos a encontrar el camino a casa… en breve relanzarán la mili obligatoria como “formativa” y “performativa”, carne de cañón “smart”…

Existe sin embargo una contrarretórica a la ponzoña de la propaganda bélica y militarista, también de época, aquella hecha por la esencia de las corrientes revolucionarias, por los refractarios capaces de contraponer ateísmo y anticlericalismo, internacionalismo y antimilitarismo. Actuales como nunca visto que, levantando un momento la vista y alejándose de las representaciones más cómodas en estas costas, además de la guerra se ha vuelto a hablar de la deserción de ambos frentes, ruso y ucraniano; visto que las calles del mundo a veces se mueven motu proprio y el paso de la indignación por un sistema corrupto a la fractura no recuperable sucede precisamente en las generaciones nacidas y crecidas en las web y redes sociales, desde el Nepal a Indonesia.

Se trata de darle la vuelta a la perspectiva y asumir la consciencia también aquí de su papel, límites, carencias y responsabilidades de liberarse de la hiperglucemia postmoderna y vaguedades interclasistas, reconocer las diferencias entre representaciones miméticas del conflicto y conflictos reales, elegir si ejercitar solidaridad entre los oprimidos o ser incapaces de identificar los opresores, en el juego de espejos de la comunicación actual que a veces usa la sobrexposición, el transcurrir veloz y la deconstrucción de significados como armas preventivas. E incluso los refractarios tienden a dejarse distraer, deslumbrarse.

Saberse reconocer y reconocer la naturaleza del conflicto en marcha sería un pequeño punto de partida, no el puerto de llegada.

Anna,
enero del 26
Roma, Rebibbia

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